Navidad rima con vulnerabilidad

La publicidad, como elemento clave de la mercadotecnia, nos seduce y se incorpora a nuestras vidas para incitarnos al consumo de productos, de ideologías e, incluso, cambiar nuestras actitudes y formas de comportamiento. Desde este dominio se emplean diversos mecanismos estudiados por la psicología social: los procesos de influencia y los de persuasión. Influencia y persuasión se convierten en la base que da soporte a todo el entramado publicitario.

La publicidad como factor cultural de primer orden

La publicidad se filtra en nuestras vidas sometiéndonos a impactos permanentes, desde que nos despertamos hasta que nos vamos a dormir. Llega a ser tan extensiva e intrusiva que el medio por el que se comunica se confunde con el objeto comunicado. Así, el mensaje publicitario se incrusta en cualquier emisión, sin que podamos distinguir hasta dónde llega la información, el entretenimiento o la publicidad. Hay publicidad encubierta en los informativos, en las series de ficción, en los concursos e, incluso, en los propios espacios publicitarios, de forma que la publicidad se repite incesantemente en cualquier medio de masas. Es curioso observar como cualquier revista de principios del siglo XX destinaba algunos pequeños espacios a la publicidad y su mayor parte a la información, mientras que en cualquier revista actual gran parte del contenido es publicitario.

La publicidad busca persuadir e influenciar al individuo para que acepte un mensaje y se implique en él

Al individuo se le influencia para que cambie su actitud ante el objeto o idea que se le muestra. Una publicidad efectiva consigue involucrar emocionalmente a la población en su mensaje y con ello incrementar sus ventas o su cuota de afiliados. Todos estos procesos de influencia y persuasión, generalmente, suceden de modo inconsciente. Dado que a nadie le gusta reconocerse manipulado,  lo ideal es que el individuo no se percate de la treta publicitaria. Mediante un procesamiento de la información a nivel subconsciente, el individuo cambia de actitud y modifica sus acciones y rutinas.

La ética en la publicidad  destinada a los niños

Si la vinculación emocional del individuo con el mensaje publicitario, al objeto de modificar su conducta, podría considerarse un ataque al libre pensamiento de la persona, esto se convierte en un arma mucho más peligrosa cuando se trata del público infantil. A lo largo del año, los mensajes publicitarios inundan la infancia, pero es en Navidad cuando la bombardean de forma implacable. Buzoneo,  televisión, marquesinas, vallas publicitarias, Internet, revistas y cualquier medio al que pueda acceder mentalmente un niño, consciente o inconscientemente.  

Todas y cada una de las marcas para niños intentarán captar su atención  y la de sus padres, buscando influenciar el proceso de decisión de compra. Hasta aquí, nada novedoso, nada que no se haya hecho ya desde que la radio y la televisión irrumpieran en la mayoría de hogares. Pero el marketing busca constantemente servir a sus objetivos y ya no parece ser suficiente vender un producto de niños para niños, sino que se va un paso más allá al intentar garantizarse el consumidor futuro de los próximos veinte o treinta años. 

Conocidas marcas de electrodomésticos, en los últimos años se han lanzado a un target infantil, diversificando sus líneas y nichos al introducirse en el mercado del juguete. Podemos pensar que, especialmente en tiempos de menor alegría económica, es lógico que las empresas busquen nuevos mercados en los que rentabilizar su curva de conocimiento. Al fin y al cabo, no debe ser muy diferente una batidora de mano real de una para jugar, eliminamos los elementos peligrosos y cortantes, reducimos potencia, le ponemos pilas y tenemos un inofensivo juguete.

Cabría preguntarse si estas empresas, además de intentar entrar en otros mercados, estarían aprovechándose de la vulnerabilidad infantil con vistas a futuro. Los niños son mucho más fáciles de persuadir e influenciar, si lo que se pretende es grabar en sus cerebros una marca que vinculen emocionalmente a sus momentos de ocio infantil y que, pasados veinte o treinta años, pueda ser la elección de marca del consumidor adulto. Precisamente, la publicidad busca el vínculo emocional con el comprador, a ser posible a largo plazo. De hecho, esta no es una nueva estrategia, otras marcas la intentaron en el pasado, con otros productos y otros modos de acceso a la mente infantil. Una conocida marca de cigarrillos intentó incitar la elección de su marca mucho antes de que el individuo se convirtiese en consumidor, cuando todavía era un niño. En aquel momento, el sentido común se impuso y se obligó a la marca a retirar las campañas que orientaba al público infantil.

¿Solo es ilícito utilizar a los niños en campañas de productos nocivos, o también lo es manipularlos para un consumo programado con antelación?

Un inofensivo electrodoméstico de juguete puede ser seguro para que nuestros hijos jueguen a cocinitas e, incluso, puede que sea bueno para su desarrollo. Lo que no está tan claro es que sea bueno y ético emplearlo como instrumento de manipulación psicológica. Si queremos evitar sospechas de doble intencionalidad, creemos una marca para el juguete que no esté vinculada con la marca de los adultos.  En caso contrario, puede parecer que mientras el niño juega con la marca, la marca juega con el niño a capturarlo y dejarlo marcado como cliente potencial para un futuro más o menos lejano.

Tus comentarios son bienvenidos