Desarrollo sostenible y economía circular

En 1987,  la Comisión Mundial de Medioambiente y Desarrollo, convocada por las Naciones Unidas (UN), empleó por primera vez el término “Desarrollo Sostenible” en el informe Nuestro Futuro Comúnconocido también como Informe Brundtland.

Desde entonces han pasado más de tres décadas y la terminología sigue estando en vigor, al igual que la problemática que, por primera vez, se abordaba abiertamente en aquella Comisión: el daño medioambiental provocado por la actividad humana y la necesidad de desarrollarse de manera sostenible si queremos frenar ese daño.

Desarrollo sostenible

Por desarrollo sostenible se entiende “una forma de desarrollo o progreso que satisface las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de las generaciones venideras de satisfacer sus propias necesidades” (Comisión de Medio Ambiente y Desarrollo, 1987).

De este modo, el desarrollo sostenible trata de lograr de una forma equilibrada un triple objetivo: el desarrollo social, el desarrollo económico y la conservación del medioambiente.

Es evidente que no hemos logrado alcanzar la propuesta de desarrollo que se lanzaba desde UN en 1987. Especialmente, en la última década hemos visto comprometidos los tres objetivos de la sostenibilidad: graves problemas medioambientales que impulsan un cambio climático que, prácticamente, ya nadie niega; problemas económicos que afectan a la mayoría de países y un desarrollo social desequilibrado, no solo a nivel global, sino también a nivel local.

La equidad es un elemento fundamental en la propuesta de desarrollo sostenible. Así, el Informe Brudtland indicaba que en 1987 los países desarrollados, los cuales alojaban el 26% de la población mundial,  se consumía el 80% de la energía, los metales y el papel que se producía mundialmente. Del mismo modo, estos países consumían casi la mitad de los alimentos mundiales. El desequilibrio era manifiesto entonces y en las décadas posteriores no ha hecho más que incrementar.

El concepto “desarrollo sostenible” supuso el primer paso hacia un cambio de paradigma en los sistemas económicos y productivos imperantes hasta los años setenta del siglo XX. Hasta entonces, los recursos se habían considerado mayoritariamente inagotables, e infinita la capacidad portante del Planeta visto como un gran ecosistema. Igualmente, las politicas y actuaciones habían sido más de carácter correctivo que preventivo. Hasta que el daño ambiental no era manifiesto, no se actuaba.

La legislación ambiental en los países desarrollados empezo a crecer a partir de los años setenta. Principalmente, se orientaba a establecer límites a las emisiones y vertidos de ciertos  contaminantes. En la década de los ochenta, los gobiernos vieron la necesidad de abordar estrategias más amplias, regular aguas arriba, incluyendo consumos, así como, adoptar el principio de “prevencion”.

Política ambiental en la UE

La Unión Europea aceleró su proceso legislador en materia medioambiental durante la década de los noventa. Se publicaron diversas Directivas Horizontales que regulaban actividades sensibles desde la óptica medioambiental, dejando a criterio de los países miembros su adaptación a la normativa estatal.

En el Tratado de la Unión Europea de 1992 (Tratado de Maastrich) se proclama que la política de la UE debe contribuir a alcanzar los siguientes objetivos:

  • Conservación, protección y mejora de la calidad del medioambiente.
  • Protección de la salud de las personas,
  • Utilización prudente y racional de los recursos naturales,
  • Fomentar medidas a escala internacional destinadas a hacer frente a los problemas regionales o mundiales del medioambiente.

Los cinco principios que fundamentan el desarrollo sostenible son:

  • Cautela
  • Acción preventiva
  • Corrección en origen
  • Quien contamina paga
  • Subsidiaridad

De este modo, las políticas europeas en materia medioambiental fomentan el desarrollo sostenible, no solo intentando solucionar los problemas medioambientales, sino estableciendo nuevas relaciones entre los agentes implicados, creando un nuevo paradigma donde cobran importancia conceptos como Responsabilidad Social Empresarial (RSE), ecodiseño y economía circular.

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